18 March 2008

La tormenta de hielo (B/N)

Ayer lunes, de repente, me desperté en medio de la noche, cerca de las cinco de la mañana. Las pesadillas me están atacando últimamente. En mi cama, sudando, me di cuenta de que tras la ventana se intuían las luces del nuevo día. En seguida me di cuenta, de que no podría volverme a dormir. El señor insomnio se acostó conmigo.

Empezaba entonces una auto-reflexión sobre el clima que duraría más de 24 horas y que, en estos momentos, intento resumir. Y es que Dinamarca es un país de extremos. Si apenas tres meses atrás tenía que encender el flexo de mi escritorio hacia las tres de la tarde, algunos auguran que, en verano, el sol comienza a salir a las tres de la mañana.

Un sol de justicia, con un intenso cielo azul, fue el que vi por mi ventana ayer a las ocho de la mañana, justo antes de intentar volver a dormir. Lo conseguí por unas horas. Y a las 12 del mediodía, como si hubiera viajado en el tiempo, como si estuviera todavía en un profundo sueño, me encontré con una tormenta de hielo.


Nunca había presenciado un fenómeno que consigue que el viento, que se puede escuchar y sentir, también pueda ser visto. Los copos de nieve viajaban en todas direcciones y con tal fuerza que uno podía quedar enterrado bajo un manto blanco. Si el viento suele molestar, imaginad lo que se siente cuanto cientos de copos se estrellan contra tu cara.

Pero después de la tempestad, llegó la calma. Todo quedó de un espeso blanco. Y yo comencé a sentirme inseguro al no saber muy bien dónde debía pisar. En cualquier caso, es curioso el sonido de los pasos sobre la nieve y el tacto al andar.

Hoy, a las 7 de la mañana, me he vuelto a despertar súbitamente. El documental que estamos preparando, no me deja descansar cuando duermo. Pero a diferencia de ayer, no me he vuelto a acostar y he aprovechado para hacer algunas fotos.

El problema es cuando nieva, también el hielo amigo suele aparecer. Y uno, que no es muy ágil, ha tenido que ir todo el tiempo andando extrañamente y con la cámara bien agarrada para evitar accidentes. Eso sí, no hay nada como el ruido del crujir de las finas capas de hielo, ni como el sonido de la nieve derritiéndose, ni como el sonido de todo el agua cayendo por los canales...No hablemos de los paisajes.

El problema de la nieve es que, para los del sur, nos resulta tan exótica que a todo queremos hacerle fotos. Al final, después de un hora y pico con la cámara desenfundada, he vuelto a casa pensando que sería imposible ir a todos esos lugares de la ciudad que me gustan para volver a retratarlos, ahora, cubiertos de nieve virgen.


Por último, y como anécdota, he conocido a un danés en sus 40, que con skís en sus pies, recorría el monumental parque que yo fotografiaba. Se me ha acercado para recomendarme buenos sitios para sacar fotos. Más tarde, y después de saber que estuvo en Costa Rica, me lo he vuelto a encontrar. Le he dicho que, al ser tan temprano no había llamado a nadie para tirarnos bolas y hacer estatuas de nieve. El muchacho, con barba y alguna cana, me ha sutilmente propuesto hacer una guerra de bolas. Pero, que quereis que os diga, me ha parecío raro jugar a las ocho de la mañana con un extraño de la edad de mi padre, en medio de un parque cubierto de nieve en Dinamarca.

No comments: