
















Capturando la ciudad en el que las bicicletas no solo son para el verano
El derribo de este edificio es el motivo por el que, no hace más de un año (el 1 de marzo de 2007, para ser más exactos), veíamos en la tele imágenes de protestas, manifestaciones, quema de coches, que tenían lugar en la capital danesa. Es la principal razón por la que todos los jueves por la tarde, los jóvenes con ideas de izquierdas (la mayoría niñatos daneses con converses de 100 euros, Levis ajustados y gorras de marca), se manifiestan por la calles de la ciudad. Es gracioso ver una protesta que viene, por delante y por detrás, escoltada por la policía.
Ayer lunes, de repente, me desperté en medio de la noche, cerca de las cinco de la mañana. Las pesadillas me están atacando últimamente. En mi cama, sudando, me di cuenta de que tras la ventana se intuían las luces del nuevo día. En seguida me di cuenta, de que no podría volverme a dormir. El señor insomnio se acostó conmigo.
Empezaba entonces una auto-reflexión sobre el clima que duraría más de 24 horas y que, en estos momentos, intento resumir. Y es que Dinamarca es un país de extremos. Si apenas tres meses atrás tenía que encender el flexo de mi escritorio hacia las tres de la tarde, algunos auguran que, en verano, el sol comienza a salir a las tres de la mañana.
Nunca había presenciado un fenómeno que consigue que el viento, que se puede escuchar y sentir, también pueda ser visto. Los copos de nieve viajaban en todas direcciones y con tal fuerza que uno podía quedar enterrado bajo un manto blanco. Si el viento suele molestar, imaginad lo que se siente cuanto cientos de copos se estrellan contra tu cara.
Pero después de la tempestad, llegó la calma. Todo quedó de un espeso blanco. Y yo comencé a sentirme inseguro al no saber muy bien dónde debía pisar. En cualquier caso, es curioso el sonido de los pasos sobre la nieve y el tacto al andar.
Hoy, a las 7 de la mañana, me he vuelto a despertar súbitamente. El documental que estamos preparando, no me deja descansar cuando duermo. Pero a diferencia de ayer, no me he vuelto a acostar y he aprovechado para hacer algunas fotos.
El problema es cuando nieva, también el hielo amigo suele aparecer. Y uno, que no es muy ágil, ha tenido que ir todo el tiempo andando extrañamente y con la cámara bien agarrada para evitar accidentes. Eso sí, no hay nada como el ruido del crujir de las finas capas de hielo, ni como el sonido de la nieve derritiéndose, ni como el sonido de todo el agua cayendo por los canales...No hablemos de los paisajes.
El problema de la nieve es que, para los del sur, nos resulta tan exótica que a todo queremos hacerle fotos. Al final, después de un hora y pico con la cámara desenfundada, he vuelto a casa pensando que sería imposible ir a todos esos lugares de la ciudad que me gustan para volver a retratarlos, ahora, cubiertos de nieve virgen. 

Hoy, sin embargo, me he levantado tarde hasta que a las tres he ido a Laundromat Cafe, una cafetería que, como su propio nombre indica, lleva incluída una lavandería. El éxito de este local se debe a que la gente puede entretenerse mientras su ropa se lava. Revistas, libros, acceso a Internet, música, mesas para comer o tomar café e, incluso, baules con juguetes para los niños. Nunca hacer la colada fue tan entretenido. Sin embargo, este café resta cierto romanticismo que, en mi opinión, tienen las lavanderías. Solo hace falta ver "Mi vida sin mí para comprobarlo". A lo mejor lo veo así, idealizado, porque nunca he hecho la colada en una lavandería.













Nota nº1: ninguna foto está manipulada en el Photoshop, los azules que veis, a parte de las configuraciones de la cámara, fueron los que vi ayer en el cielo de Copenhagen.